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Históricamente, el contribuyente y la autoridad fiscal tuvieron claramente identificados  sus roles: mientras el primero aprovecharía cada laguna de la ley para reducir su carga fiscal, la segunda asumiría su papel de recaudar lo mínimo autodeterminado por el contribuyente para después, por medio de innumerables batallas en los tribunales, buscar conseguir lo restante, asumiendo, por supuesto, el costo económico, administrativo y político que ello pudiera desencadenar.

 

Con el tiempo, la autoridad fue modificando su estrategia de fiscalización, atacando al contribuyente en forma vertical, robusteciendo las leyes y dando importancia a la resolución miscelánea, sin embargo, el contribuyente caminaba en forma horizontal, mediante el uso de nuevas plataformas laborales, mercantiles, civiles o de seguridad social no reguladas en materia fiscal, cuyos efectos incidieran en la disminución de pago de contribuciones.

 

En realidad, sería un error considerar que los contribuyentes en algún momento estuvimos al frente de la autoridad fiscal, ya que nuestro crecimiento siempre fue horizontal y, ahí es donde precisamente nació nuestro problema. Nunca le hicimos frente a las leyes, sino las pasamos de lado, de ahí viene el término evasión fiscal.

 

Pasamos más tiempo creando estrategias fiscales que entendiendo como iba evolucionando el sistema de recaudación y fiscalización mexicano. La importancia que estaba adquiriendo el domicilio fiscal, la trascendencia de tener un objeto social actualizado y comprobable, la inclusión de las cláusulas habilitantes en la legislación fiscal, el nacimiento de un sistema de fiscalización integral conformado por las autoridades fiscales, laborales, penales y jurisdiccionales, la regulación de las actividades vulnerables, el combate a la discrepancia fiscal y la materialidad y razón de negocios en las operaciones.

 

El problema actual es que las reglas del juego han cambiado. A partir del ejercicio fiscal de 2014, el Fisco y el contribuyente dejaron de competir en un terreno abierto. Ahora lo hacen en una pista donde no existen más opciones que ir hacia adelante, ir en vertical, bajo unas reglas que un día las sentimos opcionales, pero hoy se han vuelto obligatorias.

 

Para nosotros los contribuyentes, la reforma fiscal de 2014  nos iba a llevar a dos panoramas ineludibles: o se convertía en el año en donde decidíamos reinventarnos y hacerle frente al nuevo sistema de tributación mexicano, o adquiríamos un discurso de injusticia en donde haríamos valer a diestra y siniestra que el gobierno estaba en contra de la iniciativa privada y la economía nacional. La gran mayoría optó por la segunda, creyendo que la presión mediática y la promoción de amparos masivos iba a ser la solución para librar una batalla que, para empezar, nadie nos avisó que ya había terminado.

 

Hoy nos enfrentamos al Servicio de Administración Tributaria más ágil, fuerte y preparado de toda la historia. Una autoridad fiscal que ya no necesita tocar nuestra puerta para revisarnos, sino únicamente hacer uso de su potente sistema electrónico en donde, por sí misma y con el apoyo de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y otras autoridades fiscales, puede observar nuestras operaciones, determinar discrepancias, embargarnos bienes y dar parte a las autoridades penales para que se persigan delitos fiscales.

 

Si queremos enfrentar con eficacia a una autoridad semiomnipotente, debemos comenzar, primero, por entender cómo funcionan las leyes actualmente, puesto que ello es precisamente el mayor poder que tiene la autoridad para fiscalizarnos.

 

Las leyes han dejado de ser autónomas y unilaterales. Hoy en día todo funciona como un sistema. Existe un sistema de leyes y, para su aplicación, existe también un sistema de autoridades que actúan en conjunto para verificar en forma integral y no aislada el cumplimiento de las leyes.

 

Si el Servicio de Administración Tributaria dejó de lado su monopolio de fiscalización y aceptó la ayuda de otras autoridades fiscales, laborales, administrativas, de regulación y penales, nosotros como contribuyentes debemos caminar de la mano de expertos en contabilidad, derecho del trabajo, derecho fiscal y administrativo, derecho corporativo y técnicos en informática. No hacerlo sería hacer más grande la desventaja en la que hoy en día nos encontramos.

 

No estamos en condiciones de ir adelante en ésta carrea, pero sí de volverla una competencia justa.

 

 

 

Coordinación de estudio e investigación fiscal de Grupo García Landa.

 

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Dr. Jorge Marcos García Landa

Socio Fundador

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